Mendoza, Bernardino de

Embajador, militar, escritor

Guadalajara, c.1540 – Madrid, 3 agosto 1604

Biografía

No confundir con su homónimo y pariente, (1501-1557), hijo del II conde de Tendilla y I marqués de Mondéjar, que fue Capitán General de las galeras de España y luchó junto al duque de Alba en la guerra contra el papa Paulo IV en 1556. Undécimo hijo de los condes de Coruña, Bernardino pertenecía a esa gran familia noble de la España del Renacimiento que fueron los Mendoza, descendientes del I marqués de Santillana. Por su madre, es, además, sobrino nieto del cardenal Cisneros, regente de España y fundador de la Universidad de Alcalá de Henares.
Bernardino se licenció en Arte y Filosofía en la universidad fundada por su egregio tío abuelo, pero pronto abandonará los libros por las armas, que será su verdadera vocación. Por una carta del comendador mayor de Castilla don Luis de Requesens a Felipe II, sabemos que Bernardino participó ya a temprana edad en la campaña de Orán en 1563 y al año siguiente en la toma del Peñón de Vélez de la Gomera. En 1565 forma parte de la comitiva de jóvenes nobles de la corte que acompañaron a don Juan de Austria hasta el puerto de Barcelona para ir a socorrer a los cristianos asediados por los turcos en la isla de Malta .
Pero su consagración como militar será en los Países Bajos, donde no solo destacó como buen soldado sino también como político. Desde su posición privilegiada como capitán de la caballería ligera, Bernardino conoce los entresijos de la política llevada a cabo por su señor y amigo el duque de Alba, quien ejercerá una influencia decisiva en su joven “alumno”. Bernardino siempre aprovechará cualquier ocasión para salir en defensa de su patrón, considerándose así mismo como hechura del duque. De sus experiencias vividas, tanto en los campos de batalla como en la trastienda de la política, Bernardino dará buena cuenta al escribir sus Comentarios de don Bernardino de Mendoza de lo sucedido en la guerra de los Payses Baxos desde el año de 1567 hasta el de 1577 . Una de las primeras crónicas que se escriben sobre esta larga contienda, y que, por los muchos detalles que da en sus descripciones y por su rigor y objetividad es una fuente de incalculable valor para cualquier historiador.
Mendoza comienza su carrera política y militar muy pronto bajo el patronazgo del duque de Alba. Ya de camino a Flandes, cuando el duque está llevando a sus hombres a dichas tierras para llevar a cabo la misión encomendada por Felipe II de acabar con la revuelta en el verano de 1567, Alba le encomienda a Mendoza su primera misión: viajar a Roma para comunicar a Pío V el objeto de su misión, que no era otra que castigar a los rebeldes flamencos y no a otros como pretendía el sumo pontífice. Rápidamente Mendoza se incorporará luego a los cuarteles generales de Flandes, donde estará presente en la detención de los condes de Egmont y de Hornes, cuyas escenas las describe él mismo en sus Comentarios . También son memorables sus descripciones de las primeras batallas de Alba en Frisia: Heiligerlee y Jemmingen , donde participó activamente con su compañía de caballería ligera. Como también participó en el asedio de la ciudad de Mons en 1572, esta vez bajo el mando de don Fadrique de Toledo, el hijo del duque de Alba.
A partir de este momento, Mendoza abandona momentáneamente los campos de batalla para servir personalemente al lado del duque de Alba, quien deja a sus soldados al mando de su hijo y se retira a Nijmegen , desde donde supervisará con ansiedad los progresos de la guerra. Haarlem será el mayor escollo y fracaso personal del duque, quien envía a su servidor Mendoza al campo de batalla con un mensaje personal dirigido a subir la moral de la tropa y de paso a recordar a su hijo que si se le había pasado por la cabeza abandonar el campo, no le tendría como tal hijo. También le envía a Madrid, en un viaje relámpago, para pedir al monarca más hombres y dinero con el fin de concluir el asedio de Haarlem con éxito, misión que Mendoza realizará tan satisfactoriamente que a partir de ese momento se convertirá en uno de los emisarios preferidos de los gobernadores de Flandes bajo cuyos mandatos actuó.
Después de la salida de Alba de los Países Bajos en diciembre de 1573, Bernardino continuará sirviendo como soldado y emisario a las órdenes del nuevo gobernador, don Luis de Requesens. En la batalla de Mook (abril de 1574) la actuación de Mendoza dirigiendo su compañía de caballos fue decisiva para la victoria. En este mismo año, Requesens le encomendará una misión diplomática de gran responsabilidad. Mendoza tuvo que viajar a la corte inglesa para convencer a la reina Isabel I y a sus ministros de que cedieran los puertos ingleses como lugares seguros en caso de que la armada de Pedro Menéndez de Avilés tuviera que refugiarse en ellos. Misión que también realizó con tanto éxito y la reina inglesa quedó tan contenta del emisario, que Felipe II pensó en él cuando años más tarde se planteó la necesidad de cubrir la embajada española en Londres con un embajador permanente. Así, Mendoza cambiará su profesión de militar por la de embajador. Primero sirvió a los intereses de la monarquía católica en Londres (1578-1584), donde su celo por la defensa de la reputación de su monarca y por la ayuda a los católicos perseguidos le llevó a inmplicarse en un complot de católicos ingleses para derrocar a la reina Isabel, el complot llamado de Throckmorton, por ser éste el nombre del cabecilla de tal conjura que fue desmantelada por los servicios secretos del ministro Walsingham, quién puso ante la reina las pruebas de la participación del embajador, quien fue expelido sin más dilación del reino, para no volver a ser cubierto el puesto de embajador español hasta después de la muerte de Isabel I y de Felipe II, tras el tratado de paz de Somerset House en 1604. El orgullo del embajador Mendoza quedó herido ante la forma tan expeditiva como fue expulsado, profiriendo amenazas y vaticinando que “Bernardino de Mendoza no había nascido para revolver reinos sino para conquistallos”.
No parece que Felipe II quedara, sin embargo muy decepcionado por la actuación de Mendoza en este reino, pues acto seguido le nombró embajador en París (1584-1591), en donde Mendoza hará una gran labor de espionaje y contraespionaje para la causa católica en Europa. Lo primero que hizo nada más llegar fue firmar con el duque de Guisa el tratado secreto de Joinville, por el que Felipe II se comprometía a ayudar económicamente a la causa católica que dirigía el duque de Guisa en guerra contra los hugonotes. Desde la embajada española en París, y con la colaboración estrecha del cura Ballard, se trazó el plan de asesinar a Isabel I y liberar a María Estuardo, a la sazón prisionera de su prima. Se trazó un canal de comunicación ultrasecreto entre María y Mendoza en su embajada en París para diseñar el plan de ataque. Este nuevo complot, conocido como el de Babington, le costó la cabeza a María Estuardo, pues el astuto Walsingham, quien presentía que algo se tramaba desde París, hizo que se infiltrasen agentes suyos en la organización del complot, quienes le iban dando cumplida cuenta de todo lo que se tramaba.
Tras el asesinato de Enrique III, último vástago de la dinastía Valois, quien no dejó descendencia, el trono de Francia recaía en el líder de los hugonotes, Enrique de Navarra, quien asedió Paris que se le resistía en su camino hacia el trono. Bernardino se distinguió en este momento histórico, dando aliento a las masas para que no se rindieran y organizando, a pesar de su ceguera, la defensa de la ciudad, mientras se esperaba la llegada de los tercios españoles al mando de Alejandro Farnesio, quien fue ordenado acudir desde los Países Bajos, en nombre del rey Felipe II, en ayuda de los católicos franceses. Es en este momento cuando decide publicar sus Comentarios , que vieron la luz en francés (1591) antes que en español (1592).
Después de que Enrique de Borbón abjurara de su antigua religión protestante para hacerse católico, Bernardino, ya viejo y completamente ciego abandona su azarosa vida para retirarse a un convento de Madrid, donde sería cuidado por los monjes cistercienses de San Bernardo. Pero su incansable preocupación por los asuntos de este mundo le llevó a redactar un nuevo libro, Theorica y practica de guerra , en el que vuelca toda su sabiduría y experiencia como militar en Flandes para servir de ejemplo a las generaciones futuras de soldados. Este libro, que está dedicado al príncipe Felipe, futuro Felipe III, vio la luz en 1595, y fue traducido a varios idiomas. Al final de su vida, su incansable inquietud intelectual le llevó a traducir del latín al castellano una obra memorable: Los seis libros de las Políticas o doctrina civil que sirve para el gobierno del reino o principado del humanista flamenco Justo Lipsio, que dedica “a la nobleza española que no sabe latín”. Obra ésta tenida por tacitista, tuvo una enorme repercusión en la generación de políticos pacifistas de la generación del duque de Lerma, quien a la sazón dirigía los destinos de la monarquía. Esta obra no pudo ser disfrutada por su traductor, pues salió a la luz ya cuando Mendoza había muerto, en Madrid, el 3 de agosto de 1604. Sus restos fueron enterrados en la iglesia parroquial de Torija, en la provincia de Guadalajara, donde aún hoy se puede contemplar su modesta sepultura.
Por sus servicios prestados a la monarquía, Bernardino de Mendoza recibió el tan codicado nombramiento de caballero de Santiago en 1578. Primero fue comendador de Peñausende en Zamora, después, en 1583 y siendo ya embajador de Felipe II le fue dada la de Alange, en Badajoz, con muchos mayores beneficios económicos.

José Miguel Cabañas Agrela

Ver también los títulos de las obras de Mendoza así como información en holandés sobre Mendoza como historiador .

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